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Título : Reacciona Ecuador. El Machismo es Violencia. Estudio de la Campaña.
Autor : Estévez, Mayra
Vega, Edgar
Pérez, Santiago
Palabras clave : Estudio cuantitativo y cualitativo
Machismo
Violencia
Violencia en el Ecuador
Violencia contra la mujer
reproducción cultural del machismo
Fecha de publicación : dic-2011
Editorial : Quito/CONAMU/2011
Citación : Estévez, Mayra; Vega, Edgar; Pérez, Santiago. Reacciona Ecuador. El Machismo es Violencia. Estudio de la Campaña. Quito, 2011. 180 p. COMISIÓN DE TRANSICIÓN HACIA EL CONSEJO DE LAS MUJERES Y LA IGUALDAD DE GÉNERO.
Resumen : Los 25 de noviembre son una fecha emblemática porque en el mundo, además de recordar la muerte de las Tres Mariposas Hermanas Miraval, se conmemora el Día de la NO VIOLENCIA contra las mujeres. Lo simbólico de estas muertes se constituyó en una motivación conjunta de género, para denunciar públicamente que más de la mitad de la población mundial, en todas las geografías, es víctima de múltiples formas de violencia producto de relaciones de poder y dominación que, en general en las culturas vivas, se otorga a los hombres y al valor de lo masculino respecto a los cuerpos de las mujeres y de lo femenino. En esa coyuntura de lucha por los derechos humanos de las mujeres y, por lo oculto e impune de su comisión, tuvo especial trascendencia desenmascarar la violencia privada que en el ámbito doméstico, espacio falsamente considerado como el más seguro, se había perpetrado por siglos contra las mujeres de todas las edades, de todas las condiciones parentales. El disciplinamiento de las mujeres para lograr sumisión (efecto de todos los disciplinamientos) a las órdenes del género masculino dominante, aun hoy en el siglo XXI nos sorprende por la capacidad de reproducción, recreación y profundísima raigambre cultural. Mientras las propias mujeres, potenciales víctimas, han emprendido desde hace más de cuarenta años jornadas incansables para denunciar y buscar formas de parar la atrocidad que engendra la violencia de género contra las mujeres, más aparecen y se multiplican formas individuales y colectivas, privadas y públicas, rituales y formalizadas para someter a las mujeres, consideradas por efecto de la cultura patriarcal, y por una enorme gama de prácticas culturales, como cuerpos objeto de apropiación. Una mirada a lo profundo y estructural del problema explica, aunque no justifica, los años que a las mujeres les ha tomado lograr el reconocimiento de la comunidad internacional de esa violencia como una grave violación de derechos humanos;b así como respuestas institucionales de los Estados, que resultan aún insuficientes e ineficientes. Precisamente cuando se escribe esta presentación, y a propósito de otro año en que se conmemora el Día mundial por la NO VIOLENCIA contra la mujer, leemos en la prensa “La muerte causada a una mujer en la forma en la que se está produciendo en el país es homicidio o asesinato, según sean las condiciones y las circunstancias en que se haya producido esa muerte, por lo que llamar feminicidio es una cosa que no se entiende. Si mañana se llegan a matar a personas de China, por ejemplo, sería el colmo que se diga que se está cometiendo el delito de chinicidio”. En efecto, cabe precisar que si existieran muertes de hombres y mujeres chinos por el hecho de ser chinos, se trataría de la comisión de un crimen internacional que tiene un nombre específico: genocidio, que precisamente por su gravedad y dimensión atroz, consta como uno de los ámbitos de competencia de la justicia nacional y aun más, de la justicia penal internacionale. Por tanto, si se mata a miles de mujeres por ser mujeres, también referimos a la misma figura y, es precisamente eso lo que quiere denotar políticamente el concepto feminicidio: una muerte genocida y sistemática de victimas, TODAS mujeres, a quienes se les quita la vida por ser mujeres. Aunque impreciso por error, la nota se acerca a la esencia que encierra este posicionamiento político de las mujeres ecuatorianas que proponen la tipificación con nombre propio de una conducta delictiva que mata a mujeres, en un contexto de tolerancia o inacción estatal frente a esa evidente violación del derecho a la vida de un colectivo humano específico. En lo que si concordamos con Expreso es que haber logrado incluir algunos delitos de género en el derecho penal, por ejemplo los de naturaleza sexual contra las mujeres, así como haber especializado algunos ámbitos de la justicia, por ejemplo las unidades de delitos sexuales en las fiscalías, no han sido ni serán suficientes para al menos detener la incidencia de esa violencia. Estamos frente a un fenómeno muy complejo y multidimensional. Sin embargo, usamos el texto publicado en Expreso como pretexto, porque el artículo también muestra una manifiesta insensibilidad y el diferenciado efecto que se ha logrado en el país respecto de posicionar como un tema de preocupación social, la altísima -y sin duda vergonzosa- incidencia de la violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres. Un razonamiento tan poco riguroso muestra signos claros de una especie de miopía social frente a la muerte sistemática de mujeres, un crimen que ha sido reconocido por su gravedad en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y que la propia prensa nacional reporta cotidianamente en un ritual comunicativo que constata los hechos pero aun re-victimiza a las víctimas. Todos estos aspectos en juego en el escenario público, explican y justifican el esfuerzo realizado con la producción y difusión de la Campaña de bien público “Reacciona Ecuador, el machismo es violencia” (Plan de erradicación de la violencia de género, 1era. fase 2010-2011). Esta campaña desde hace dos años ha sido la primera expresión pública de responsabilidad del Estado ecuatoriano que trata así de dar muestras de un nivel de conciencia de la arraigada cultura machista que, como todo fenómeno complejo, es a la vez expresión y origen de un fenómeno social como la violencia de género, que atenta directamente contra las mujeres, pero que tiene efectos negativos para todos: las víctimas y los entornos familiares, así como para la comunidad toda. La inseguridad como fenómeno social tiene una de sus expresiones más concretas en los seres humanos femeninos, que son objeto cotidiano de piropos, insultos, vejaciones, manoseos, golpes, mutilaciones, encierro, confinamiento, esclavitud sexual; muchas de estas formas comparables con la tortura a la que son sometidas millones de mujeres sin distinción de clase, etnia, edad, credo o religión. Y cuando hablamos de todos estos aspectos de la violencia, estamos hablando de este país, en todos sus espacios, sean hogares, calles y plazas… de ¡nuestro país! Por eso la campaña ha buscado precisamente sensibilizar a la población ecuatoriana sobre los efectos que esa violencia de género, que potencialmente afecta a las mujeres que son la MITAD de la población. Esta violencia, por su relevancia y efectos, no puede ser asumida como una parte más de la violencia social, pues se diluye y se pierde en la universalidad de planes y programas, tal como suele suceder con los temas que destacan la discriminación contra la mujer. Incluso cierta propuesta del movimiento de mujeres de tipificar del feminicidio y compararlo con los pocos efectos logrados con la tipificación del secuestro exprés (sic) como delito, denota precisamente ligereza en el análisis respecto al tema de fondo.
URI : http://repositorio.iaen.edu.ec/handle/24000/4439
ISBN : 978-9942-07-193-4
Aparece en las colecciones: Consejo Nacional para la Igualdad de Género

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